En ratones, una técnica de médula ósea reemplaza macrófagos
En el último estudio en ratones de la Universidad de Fudan, las células de la médula ósea del donante fueron más allá del cerebro y reemplazaron a los macrófagos residentes del hígado, el riñón, el pulmón y el bazo. El reemplazo duró al menos 9 meses, mientras que los órganos conservaron la integridad de sus tejidos y sus funciones biológicas esenciales. Se trata de una prueba más amplia de una técnica diseñada inicialmente para llegar a las células inmunitarias del cerebro, difíciles de reemplazar.
El trasplante tradicional de médula ósea, o tBMT, puede reemplazar la médula que produce células inmunitarias defectuosas o cancerosas. Sin embargo, las células inmunitarias del donante suelen injertarse mal en el sistema nervioso central, incluida la microglía, los macrófagos especializados que sostienen el cerebro. El método de Fudan se denomina reemplazo de la microglía mediante trasplante de médula ósea, o Mr. BMT.
El método comienza con PLX5622, una molécula que bloquea CSF1R, un receptor que ayuda a sobrevivir a la microglía existente. Eliminar esas células antes del trasplante crea nichos libres para las células de la médula ósea del donante. En este estudio, el mismo proceso también permitió que los macrófagos derivados del donante se establecieran en órganos periféricos.
Los resultados fueron similares a los del tBMT en cuanto al injerto de macrófagos en los órganos examinados. Mr. BMT también preservó la respuesta inmunitaria innata después de la exposición al LPS, una molécula presente en la membrana externa de bacterias como E. coli y Salmonella. Al principio, las nuevas células tardaron en adquirir el perfil de expresión génica de los macrófagos locales, pero la expresión de los genes característicos de los macrófagos se recuperó con el tiempo; el equipo supone que este periodo les permitió adaptarse a los entornos tisulares locales.
En términos concretos, el trabajo sugiere que una única estrategia de trasplante podría abordar algún día enfermedades que afectan a las células inmunitarias tanto del cerebro como del resto del organismo. Yanxia Rao y Bo Peng, de la Universidad de Fudan, describen los resultados como una prueba de que la función de los tejidos se mantuvo en gran medida intacta después del trasplante. El límite también está claro: estas pruebas de seguridad proceden de ratones y el equipo aún espera que el método pueda traducirse en un tratamiento seguro y eficaz para humanos.
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