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Years before anyone is told they have pancreatic cancer, the body is already changing. At Mayo Clinic, a team led by former research fellow Aleksander Bogdanski tracked how the balance of muscle and fat shifted over time in people who later developed the disease. The change showed up on abdominal CT scans that had already been taken.
Años antes de que alguien sea informado de que tiene cáncer de páncreas, el organismo ya está cambiando. En la Mayo Clinic, un equipo dirigido por el exinvestigador becario Aleksander Bogdanski siguió cómo se modificaba con el tiempo el equilibrio entre músculo y grasa en personas que desarrollaron después la enfermedad. El cambio apareció en tomografías computarizadas abdominales que ya se habían realizado.
The stakes are high. Pancreatic cancer remains one of the deadliest cancers, largely because most patients are diagnosed after the disease has already spread. Current surveillance programs focus mainly on people with inherited genetic risk or strong family histories, yet most pancreatic cancers occur outside those high-risk groups. Early warning signs for the rest of the population are therefore scarce.
Lo que está en juego es importante. El cáncer de páncreas sigue siendo uno de los más letales, en gran medida porque la mayoría de los pacientes se diagnostica cuando la enfermedad ya se ha extendido. Los programas de vigilancia actuales se centran sobre todo en personas con riesgo genético hereditario o antecedentes familiares marcados, pero la mayoría de los cánceres de páncreas aparece fuera de esos grupos de alto riesgo. Por eso, las señales de alerta temprana para el resto de la población son escasas.
The researchers analyzed scans from 1,825 patients with pancreatic ductal adenocarcinoma (PDAC), the most common type of the disease, and 3,650 matched controls from Mayo Clinic sites in Arizona, Florida and Minnesota. An artificial intelligence–based tool measured skeletal muscle, subcutaneous fat (under the skin) and visceral fat (around the organs) over time. Compared with controls, patients who later developed cancer showed significantly steeper declines in both subcutaneous and visceral fat during the three years before diagnosis. Differences in muscle mass were most apparent in the final 12 months.
Los investigadores analizaron las pruebas de 1.825 pacientes con adenocarcinoma ductal de páncreas (PDAC), el tipo más común de la enfermedad, y de 3.650 controles emparejados procedentes de los centros de la Mayo Clinic en Arizona, Florida y Minnesota. Una herramienta basada en inteligencia artificial midió a lo largo del tiempo el músculo esquelético, la grasa subcutánea (bajo la piel) y la grasa visceral (alrededor de los órganos). En comparación con los controles, los pacientes que desarrollaron después el cáncer presentaron descensos significativamente más pronunciados tanto de la grasa subcutánea como de la visceral durante los tres años previos al diagnóstico. Las diferencias en la masa muscular fueron más evidentes en los últimos 12 meses.
“Pancreatic cancer often develops silently, making early detection extremely challenging,” says Yan Bi, M.D., Ph.D., a gastroenterologist at Mayo Clinic and senior author of the study. The measures reached what the researchers describe as moderate discriminatory ability: they separate future patients from controls, but imperfectly, and the authors present them as additional information for risk assessment, not a replacement for existing methods. Michael Wallace, M.D., a Mayo Clinic gastroenterologist and corresponding author, says the changes are “detectable on routine CT scans and differ from the changes observed in similar patients without cancer.”
«El cáncer de páncreas a menudo evoluciona en silencio, lo que hace que la detección temprana sea extremadamente difícil», afirma Yan Bi, M.D., Ph.D., gastroenterólogo de la Mayo Clinic y autor principal del estudio. Las medidas alcanzaron lo que los investigadores describen como una capacidad discriminatoria moderada: separan a los futuros pacientes de los controles, pero de forma imperfecta, y los autores las presentan como información adicional para la evaluación del riesgo, no como sustituto de los métodos existentes. Michael Wallace, M.D., gastroenterólogo de la Mayo Clinic y autor de correspondencia, afirma que los cambios son «detectables en las tomografías computarizadas de rutina y difieren de los observados en pacientes similares sin cáncer».
For people who already undergo routine CT scans, the practical gain would be a risk signal drawn from images that exist anyway, before the cancer is clinically detected. The next step is algorithms that combine body composition with other routinely collected clinical factors and imaging biomarkers to flag patients at increased risk. The sources give no date for that tool and no clinical validation, so for now this remains a research finding.
Para las personas que ya se someten a tomografías de rutina, la ganancia práctica sería una señal de riesgo extraída de imágenes que ya existen, antes de que el cáncer sea detectado clínicamente. El siguiente paso son algoritmos que combinen la composición corporal con otros factores clínicos de rutina y biomarcadores de imagen para señalar a los pacientes con riesgo elevado. Las fuentes no indican una fecha para esa herramienta ni validación clínica, por lo que, por ahora, esto sigue siendo un hallazgo de investigación.