Ensayo de Monash: apoyo sistémico mejora la atención de la demencia
Una directriz asistencial puede ser precisa y aun así no llegar a la persona que administra la medicación. En 19 centros residenciales de Nueva Gales del Sur, Queensland, Australia Occidental y Victoria, investigadores de la Universidad de Monash probaron una respuesta a escala de todo el sistema: no un manual dejado a su suerte, sino un paquete diseñado para trasladar las directrices sobre medicación para la demencia a la atención diaria.
El ensayo EMBRACE, realizado en varios estados, contó con la participación de cuatro organizaciones proveedoras de atención a largo plazo. Sus herramientas incluían nueve fichas informativas específicas, una práctica lista de comprobación de 10 puntos para controlar los efectos secundarios de los medicamentos y una guía complementaria para las personas con demencia y sus familias. La intervención se basó en las directrices clínicas australianas sobre el uso adecuado de medicamentos psicotrópicos en la demencia y la atención residencial.
La segunda parte de la investigación siguió a los intermediarios de conocimiento —profesionales que tienden un puente entre la evidencia y la práctica—. Durante un ensayo de 12 meses, estos intermediarios aprendieron cómo funcionaba cada centro, establecieron relaciones con el personal y desarrollaron iniciativas locales de mejora de la calidad. El profesor Simon Bell, director del Centre for Medicine Use and Safety de Monash, afirmó que su función evolucionó desde la base, en lugar de llegar como una plantilla fija.
Ese trabajo local también marca un límite para el resultado. La doctora Amanda Cross, investigadora principal del centro, afirmó que los intermediarios de conocimiento estuvieron condicionados por el liderazgo de cada centro, la cultura organizativa y el apoyo específico para la aplicación. El informe publicado señala que las estrategias a escala de todo el sistema pueden mejorar significativamente el cumplimiento de las directrices. Las nuevas directrices australianas elaboradas conforme a las normas del National Health and Medical Research Council están incorporando desde el principio la transferencia de conocimiento, incluida la evaluación de si las recomendaciones serán aceptables y viables en la práctica.
En términos concretos, el enfoque proporciona a los equipos asistenciales herramientas útiles para comprobar los efectos secundarios, localizar las directrices y adaptar el trabajo de mejora a su centro, al tiempo que ofrece a las familias un recurso complementario en lugar de un documento escrito únicamente para profesionales. Para los residentes, esto podría contribuir a una atención farmacológica más coherente y basada en la evidencia, aunque el informe no afirma que todos los centros hayan alcanzado ese resultado. Los investigadores creen que el mismo marco puede extenderse más allá de la gestión de la medicación a medida que Australia introduce nuevos modelos asistenciales y funciones integradas, como la de los farmacéuticos en los propios centros.
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