Satélites de gravedad ubican dónde la humanidad altera el agua

Dos satélites vuelan en tándem sobre el planeta. Cuando el satélite delantero pasa sobre un terreno más cargado de agua, su atracción modifica la distancia entre ambos en una fracción minúscula, y los instrumentos la miden. Durante más de dos décadas, la NASA ha registrado esas variaciones. Un nuevo estudio las convierte en un mapa de los lugares donde la actividad humana está reconfigurando la circulación del agua por lagos, ríos, suelos y el subsuelo.
Los datos proceden de las misiones GRACE, siglas de Gravity Recovery and Climate Experiment (Experimento de Recuperación de la Gravedad y del Clima), y de su sucesora, GRACE-FO. Sus mapas mensuales habituales solo muestran grandes patrones. Como los satélites sobrevolaron casi todo el planeta en muchas ocasiones, el equipo combinó todas esas pasadas y cartografió las tendencias a largo plazo con un detalle espacial entre cinco y diez veces mayor que en análisis anteriores. El precio fue un detalle temporal menor. Después, métodos estadísticos sopesaron factores humanos, como el riego, el llenado de embalses y los cambios en el uso del suelo, frente al clima.
El resultado identifica 40 regiones donde los cambios en el almacenamiento de agua coinciden con la actividad humana, en todos los continentes no polares salvo Australia. En cuatro regiones continentales, un factor de origen humano seguía la tendencia del almacenamiento más de cerca que cualquier factor climático. El Valle Central de California, el sur de la Llanura Alta de Estados Unidos y Chihuahua, en México, presentan tierras de regadío con agua subterránea vinculadas a la disminución del almacenamiento. En el norte de India, el bombeo de aguas subterráneas provoca un descenso más pronunciado de lo que sugerían las estimaciones previas, y los glaciares del Himalaya en retroceso explican solo el 15 % de ese descenso.
No toda huella humana es una pérdida. En partes del África subsahariana, el nivel freático subió pese a las precipitaciones por debajo de la media allí donde la sabana natural fue sustituida por campos de mijo. Un patrón similar apareció en el estado brasileño de Maranhão, en el norte del país, donde los campos de soja han reemplazado a bosques y matorrales. Los investigadores afirman que esto podría explicarse en parte por el uso eficiente del agua de los cereales y las leguminosas, y por prácticas indígenas que dirigen el agua hacia acuíferos poco profundos. En el mapa también aparecen grandes embalses: el embalse de Boguchany, en el río Angará de Rusia, el segundo mayor embalse llenado en el siglo XXI, registra la tendencia de almacenamiento más intensa del norte de Asia no polar.
Lo que cambia para quienes gestionan el agua es la pregunta de dónde mirar. Un mapa con esta resolución muestra qué acuíferos se están agotando, dónde y qué prácticas parecen recargarlos. No prescribe ninguna política y tampoco puede decir qué ocurre semana a semana, porque renunció al detalle temporal para ganar detalle espacial. Para un agricultor de Chihuahua o un planificador del norte de India, la cuestión deja de ser si existe un problema para pasar a saber dónde exactamente se encuentra y hasta dónde ha llegado.
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