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More than 1 billion wooden golf tees are thrown away every year in the US alone. Wood takes years to break down, and plastic tees fare little better: mowers shred the ones that get lost on the course and leave fragments in the soil. At the University of Maine, researchers have found a way to make the tee out of something that currently goes to waste: lobster shells.
Más de 1.000 millones de tees de golf de madera se tiran cada año solo en EE. UU. La madera tarda años en degradarse, y los de plástico no lo hacen mucho mejor: las cortacéspedes trituran los que se pierden en el campo y dejan fragmentos en el suelo. En la Universidad de Maine, los investigadores han encontrado la manera de fabricar el tee con algo que hoy acaba en el desperdicio: los caparazones de langosta.
The state of Maine's seafood industry produces approximately 50,000 tons (45,359 tonnes) of lobster shells a year, most of them landfilled. Lobster shells contain chitin, which can be processed into chitosan, a biopolymer already used in wound dressings and anti-spoilage coatings for fruit and vegetables. The team dries the shells, breaks them down, grinds them into powder and mixes that powder with other natural materials, including food dyes for coloured tees, to create a solid composite that can be molded. According to the researchers, the tees are as strong as eastern white pine and can decompose in just 30 days. They have not disclosed the exact formulation.
La industria pesquera del estado de Maine produce unas 50.000 toneladas (45.359 toneladas) de caparazones de langosta al año, la mayoría de ellos enviados a vertederos. Los caparazones contienen quitina, que puede transformarse en quitosano, un biopolímero que ya se emplea en apósitos para heridas y en recubrimientos antiestropeo para frutas y verduras. El equipo seca los caparazones, los descompone, los muele hasta obtener un polvo y mezcla ese polvo con otros materiales naturales, entre ellos colorantes alimentarios para los tees de colores, hasta crear un compuesto sólido que puede moldearse. Según los investigadores, los tees son tan resistentes como los de pino blanco oriental y pueden descomponerse en apenas 30 días. No han revelado la formulación exacta.
Molding was the hardest part. The composite behaves differently from plastics when it is heated and shaped, so it did not work with conventional equipment. The team had to develop a specialized injection molding system. In laboratory tests, production rose from 1 lb (0.45 kg) to 50 lb (22.7 kg) per hour. The researchers call this a significant improvement, but 50 lb an hour remains a low figure by industrial standards.
El moldeado fue lo más difícil. El compuesto se comporta de forma distinta a los plásticos cuando se calienta y se da forma, así que no funcionaba con equipos convencionales. El equipo tuvo que desarrollar un sistema de moldeo por inyección especializado. En las pruebas de laboratorio, la producción pasó de 1 lb (0,45 kg) a 50 lb (22,7 kg) por hora. Los investigadores consideran que se trata de una mejora significativa, pero 50 lb por hora sigue siendo una cifra baja según los estándares industriales.
For fishermen and processing plants, the appeal is the revenue. Neivandt says the project aims to "create value-added products that can return revenues to those lobster fishermen as well as the processing facilities." For now, each tee is estimated to cost between 5 and 30 cents. Scaling up production is meant to lower that price and let the tees compete with conventional options on the market. The same lab has already developed biodegradable golf balls from lobster shells, which could be sold alongside them. The sources give no date for commercial production.
Para los pescadores y las plantas de procesado, el atractivo está en los ingresos. Neivandt afirma que el proyecto busca «crear productos de valor añadido que puedan devolver ingresos a los pescadores de langosta, así como a las plantas de procesado». Por ahora, se calcula que cada tee costará entre 5 y 30 céntimos. Aumentar la producción debería reducir ese precio y permitir que los tees compitan con las opciones convencionales del mercado. El mismo laboratorio ya ha desarrollado pelotas de golf biodegradables a partir de caparazones de langosta, que podrían venderse junto con los tees. Las fuentes no indican una fecha para la producción comercial.