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Un suizo imprime un material similar al hormigón unido por bacterias

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Traducido por IA del inglés — ver el texto original. 5 idiomas disponibles, el tuyo se añade con un clic.

Ilustración generada para «Un suizo imprime un material similar al hormigón unido por bacterias»
Ilustración generada por IA — visión artística, no documental

Una bañera, una impresora y un puñado de bacterias. Ese es el taller con el que Karen Antorveza Paez fabrica piezas arquitectónicas sin un solo horno. La mezcla parece arena húmeda y sigue siendo blanda al salir de la impresora. Solo después se vuelve sólida, porque las bacterias hacen el trabajo que normalmente realiza el cemento.

El organismo es Sporosarcina pasteurii. Cuando se combina con arena u otros granos, los une en un material sólido al formar carbonato de calcio, el mineral que compone la piedra caliza. El resultado es una malla de cristales microscópicos de calcita entrelazados. Antorveza Paez lo describe de forma sencilla: «Usamos bacterias para producir una especie de pegamento mineral». El proceso, llamado biocementación, ya se había empleado para estabilizar suelos y en hormigón autorreparable. Su trabajo lo aplica a piezas de construcción impresas.

En el primer método, el equipo imprime una «biotinta» formada por un gel de agua, alginato y xantano de origen natural, arena y bacterias vivas. A continuación, el objeto se sumerge en un baño de urea y cloruro de calcio. Las bacterias descomponen la urea con una enzima llamada ureasa, que libera iones carbonato. Esos iones se combinan con el calcio para formar piedra caliza entre los granos. Todo el proceso dura entre dos y cinco días, según la resistencia que se quiera obtener, y el baño se renueva cada día. Antorveza Paez lo compara con la cocción del pan: «Tienes la masa, que todavía es muy maleable y delicada. Solo el horno puede convertirla en algo sólido», y en esa comparación las bacterias desempeñan el papel del horno.

El segundo método prescinde del baño. Un brazo robótico pulveriza bacterias, los ingredientes minerales y la arena sobre una superficie, capa tras capa. Según la investigadora, el método de impresión es adecuado para elementos arquitectónicos, mientras que la pulverización está orientada más bien a superficies. Ambos se han usado para fabricar piezas, entre ellas un elemento de fachada, y el material también podría servir para estructuras de sombra y muros divisorios.

Lo que cambia para los constructores es, todavía, cuestión de tiempo y de pruebas. El material aún no puede soportar cargas, y se necesita más investigación para que sea portante. El método por pulverización también exige estudiar cómo se disponen los granos y el medio aglutinante en el interior del objeto. La propia investigadora resume así el siguiente paso: «La gran pregunta ya no es si el biocemento funciona, sino hasta qué punto se pueden controlar sus propiedades». Si esas propiedades se pueden dominar, un aglutinante que no necesita calor podría reducir algún día las emisiones ligadas al cemento, pero las fuentes aún no precisan cuándo ni para qué aplicaciones llegaría primero.

two to five daysDuración del proceso bacteriano completo, según la resistencia que se quiera obtener

Fuentes — leer los originales(hora de París)

Global Construction ReviewEN
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