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Justin Mast’s life was changed by a plant. A few years ago, while reading scientific literature, he came across research on a houseplant wired to a motorized stand. When the plant needed more light, electrical signals flowed through its living tissue; a control board sensed the current and wheeled the plant toward the lamp. “I’m like, what the heck?” Mast told TechCrunch. “That was the entry to the rabbit hole for me.”
La vida de Justin Mast cambió gracias a una planta. Hace unos años, mientras leía literatura científica, dio con una investigación sobre una planta de interior conectada a un soporte motorizado. Cuando la planta necesitaba más luz, las señales eléctricas recorrían su tejido vivo; una placa de control detectaba la corriente y desplazaba la planta hacia la lámpara. «¿Qué diablos?», contó Mast a TechCrunch. «Ahí empezó mi madriguera».
Mast teamed up with Lee von Kraus, a neuroscientist who has worked with DARPA, the US defense research agency, to found Electric Plant. For about three years the company has collected data to build Bombadil, a large language model, the same family of AI that powers chatbots, trained to interpret the faint electrical signals moving through a plant’s stem. Bombadil now covers about 125 species, from ferns, redwoods and tomatoes to dahlias.
Mast se asoció con Lee von Kraus, neurocientífico que ha trabajado con DARPA, la agencia estadounidense de investigación de defensa, para fundar Electric Plant. Durante unos tres años, la empresa ha recopilado datos para construir Bombadil, un modelo de lenguaje de gran tamaño, de la misma familia de IA que impulsa los chatbots, entrenado para interpretar las tenues señales eléctricas que circulan por el tallo de una planta. Bombadil abarca ahora unas 125 especies, desde helechos, secuoyas y tomates hasta dalias.
Before this, growers worked with coarse tools that react once a plant is already short of water, nutrients or light. Soil probes, handheld spectroscopes and satellite imagery “work well enough,” Mast says, but “most of that stuff still lags quite a bit behind the real-time needs of the plant.” Electric Plant’s sensors are about the size of an iPhone folded lengthwise. They are fixed to the plant with stainless steel screws that reach the cambium, the living layer just under the bark, to pick up microvolt-scale changes. The data travels over a low-power wireless network to a base station, then to the cloud, where Bombadil interprets it and sends back advice. The company says a couple of sensors per acre are enough, and that each costs tens of dollars, where existing tools generally cost thousands.
Antes de esto, los productores trabajaban con herramientas rudimentarias que reaccionan cuando una planta ya carece de agua, nutrientes o luz. Las sondas de suelo, los espectroscopios portátiles y las imágenes satelitales «funcionan lo bastante bien», afirma Mast, pero «la mayoría de esas cosas siguen yendo bastante por detrás de las necesidades en tiempo real de la planta». Los sensores de Electric Plant tienen más o menos el tamaño de un iPhone plegado a lo largo. Se fijan a la planta con tornillos de acero inoxidable que alcanzan el cambium, la capa viva justo bajo la corteza, para captar cambios a escala de microvoltios. Los datos viajan por una red inalámbrica de bajo consumo hasta una estación base y, desde allí, a la nube, donde Bombadil los interpreta y devuelve recomendaciones. La empresa afirma que un par de sensores por acre bastan, y que cada uno cuesta decenas de dólares, mientras que las herramientas existentes suelen costar miles.
For a grower, the practical question is when and for whom. Farmers and foresters could use the results to adjust watering or fertilizer schedules. Mast claims such a system can boost yields while reducing water use by 20% or more; that is the founders’ figure, and no customer, price or launch date has been given. Electric Plant has not disclosed its first customers, though Mast says applications in agriculture and forestry are easy to imagine. Its ambition goes further: to let people “speak” to plants one day. “We’re listening more than we’re speaking, but listening’s the first step,” he said.
Para un productor, la cuestión práctica es cuándo y para quién. Agricultores y silvicultores podrían usar los resultados para ajustar los calendarios de riego o fertilización. Mast sostiene que un sistema así puede aumentar los rendimientos al tiempo que reduce el uso de agua en un 20 % o más; es la cifra de los fundadores, y no se ha dado ningún cliente, precio ni fecha de lanzamiento. Electric Plant no ha revelado sus primeros clientes, aunque Mast dice que las aplicaciones en agricultura y silvicultura son fáciles de imaginar. Su ambición va más lejos: que algún día la gente pueda «hablar» con las plantas. «Estamos escuchando más de lo que hablamos, pero escuchar es el primer paso», afirmó.
The company is financing that path with an $11.2 million seed round led by Onto Ventures and Climactic, with participation from Ponderosa, Endeavor Catalyst, Ludlow, Michigan Rise, The Fund, Schox VC and Dug Song. Mast calls Bombadil “the most diverse model ever created on biological electrical signals,” adding that nothing equivalent has been done in the animal world. That is his assessment, and it will be tested as the sensors leave the lab and reach growers’ fields.
La empresa financia ese camino con una ronda semilla de 11,2 millones de dólares dirigida por Onto Ventures y Climactic, con la participación de Ponderosa, Endeavor Catalyst, Ludlow, Michigan Rise, The Fund, Schox VC y Dug Song. Mast califica a Bombadil como «el modelo más diverso jamás creado sobre señales eléctricas biológicas», y añade que nada equivalente se ha hecho en el mundo animal. Es su valoración, y se pondrá a prueba cuando los sensores salgan del laboratorio y lleguen a los campos de los productores.