Gafas sin batería leen señales de salud a partir de parpadeos

Los ojos parpadean entre 14 y 20 veces por minuto, y cada parpadeo es un movimiento que normalmente no sirve para nada. En la Universidad Northwestern, un equipo dirigido por Nivedita Arora ha construido un par de gafas que convierte ese movimiento en energía para sus propios sensores de salud, sin batería alguna.
El prototipo se llama GlassTENG. Obtiene energía no solo de los parpadeos, sino también de las sonrisas, del apretar la mandíbula y de la elevación de las cejas. Sus sensores leen esos movimientos, junto con el pulso del usuario, para seguir el bruxismo (rechinamiento de dientes), la fatiga y la salud cardiovascular. El componente clave es el nanogenerador triboeléctrico, o TENG: una capa fina que produce una breve carga eléctrica cuando dos materiales distintos se tocan y luego se separan. Aquí, los materiales son el sensor y la piel del rostro del usuario. El movimiento de la cara es en sí mismo la fuente de energía, por lo que el dispositivo no necesita batería que cargar ni reemplazar.
La montura lleva tres sensores. Uno se sitúa en el puente de la nariz, cerca de la arteria angular, y capta el pulso, los parpadeos y el movimiento de las cejas. Un segundo descansa en la sien y registra el pulso y la actividad de la mandíbula. El tercero está más cerca de la oreja y detecta la masticación y el apretar de dientes. Cada acción produce su propia señal: de 50 a 100 milivoltios para el pulso, de 200 a 500 milivoltios para los parpadeos y la elevación de las cejas, y hasta 1,5 voltios para los movimientos fuertes de la mandíbula. Un algoritmo de aprendizaje automático, entrenado con ejemplos, analizó las señales de 20 voluntarios y alcanzó una precisión global de 93,8 % al identificar la actividad. El choque de dientes se reconoció en el 99 % de los casos y el apretar la mandíbula en el 96 %. En cuanto al pulso, probado por separado con 10 participantes sentados en reposo, las gafas se diferenciaron de una banda torácica de referencia en 1,82 latidos por minuto de media.
Las limitaciones son claras, y los investigadores las enumeran. Hablar se identificó correctamente solo en el 55 % de los casos, y se confundió con comer en el 37 %, porque ambas actividades mueven la mandíbula y activan el músculo temporal, situado a un lado de la cabeza, de forma parecida. Por ahora, las gafas envían sus datos por Bluetooth a un teléfono o una tableta. El siguiente paso del equipo es el cálculo en el propio dispositivo, lo que permitiría que la montura reaccionara por sí sola. La información disponible no indica una fecha para ello, ni cifras sobre el tiempo de uso o las pruebas a gran escala. Lo que muestra el trabajo es que el rostro puede alimentar sus propios sensores, y que una montura que la gente ya lleva podría, en principio, convertirse en un monitor de salud sin necesidad de cargador. Los resultados se presentarán esta semana en el simposio UbiComp/ISWC 2026, en Shanghái.
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