La hora de comer altera los ritmos hepáticos y ACSF3 en ratones
El hígado ajusta constantemente la forma en que procesa, almacena y utiliza los nutrientes. Su actividad está influida por el reloj circadiano, el sistema de medición del tiempo presente en prácticamente todas las células del organismo, pero la comida es otra señal potente. Las mitocondrias forman parte de ese sistema: ayudan a gestionar la descomposición de los nutrientes, no solo la producción de energía de las células.
Los investigadores siguieron la malonilación de lisina —una modificación química que puede cambiar la actividad de las proteínas— en las mitocondrias hepáticas. Su ritmo diario cambió cuando se modificó el horario de alimentación de los ratones, y esos cambios se asociaron con ACSF3. Reducir ACSF3 específicamente en el hígado alteró después la oxidación mitocondrial de ácidos grasos, aumentó la síntesis de lípidos y modificó los ritmos diarios de los lípidos hepáticos, además de afectar a la regulación de la glucosa y la señalización de la insulina.
En los mismos hígados apareció una segunda respuesta: aumentó la autofagia. Este proceso de reciclaje celular elimina componentes dañados o innecesarios y puede ayudar a las células a adaptarse al estrés metabólico. Los investigadores aún no saben por qué reducir ACSF3 la desencadena; una posibilidad es que la autofagia compense la alteración metabólica.
En concreto, el resultado ofrece a los investigadores una posible explicación de cómo el trabajo por turnos, los horarios irregulares y las comidas nocturnas podrían afectar al metabolismo, pero no indica a las personas cuándo deben comer. Las pruebas proceden de ratones y operan a nivel molecular, por lo que ACSF3 es una línea de investigación, no una intervención humana demostrada ni una regla universal sobre la hora de comer.
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