La RM vincula la progesterona con señales emocionales difusas
La pantalla del interior de la RM mostraba dos rostros: uno feliz y otro enfadado. Las 116 participantes tenían que acercarse al rostro feliz y evitar el enfadado, o hacer lo contrario. En ese momento controlado, investigadores de la Universidad de Barcelona descubrieron que unos niveles más altos de progesterona estaban relacionados con patrones de actividad cerebral menos diferenciados en las versiones más fácil y más difícil del control emocional.
El control emocional es la capacidad de anular una respuesta automática cuando una situación lo exige. Un análisis de aprendizaje automático de las exploraciones podía identificar si una participante se enfrentaba a la versión fácil o difícil de la tarea. Sin embargo, cuando la progesterona era más alta, los patrones de actividad del polo frontal lateral se parecían más entre sí, lo que sugiere que el cerebro tenía menos capacidad para distinguir entre ambas exigencias emocionales.
La distinción también se relacionaba con el estado de ánimo. Las participantes cuyas exploraciones mostraban una separación más clara entre las situaciones fáciles y difíciles tendían a declarar un mejor estado de ánimo durante la semana anterior. El mecanismo cerebral explicaba aproximadamente el 7 % de la variación en las puntuaciones de ánimo. Los investigadores midieron las hormonas ováricas presentes de forma natural mediante la saliva, en lugar de probar un tratamiento con progesterona.
Por tanto, en términos concretos, el hallazgo podría ayudar algún día a los médicos a evaluar por qué algunas mujeres son más sensibles a los cambios de ánimo relacionados con las hormonas y a adaptar la atención para problemas como la disforia premenstrual. La profesora Ulrike Krämer, de la Universidad de Lübeck, que no participó en el estudio, afirmó que los resultados también podrían ayudar a las mujeres a entender los cambios recurrentes de ánimo y conducta como variaciones de la química cerebral, en lugar de considerarlos un defecto personal.
La evidencia sigue siendo una asociación, no una explicación causal. El autor principal, Macià Buades-Rotger, afirmó que una medición única no podía establecer si la progesterona produce el cambio. El estudio no encontró una señal equivalente para el estradiol, pero la autora Rosamunde Hendricks señaló que esa hormona podría ser más difícil de medir con precisión en la saliva. Las investigaciones futuras también tendrán que comprobar si existe el mismo vínculo en los hombres.
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