Células inmunitarias editadas, controlables con fármacos existentes

Extraer las células inmunitarias de un paciente, corregirlas en el laboratorio y devolverlas al organismo. Esa es la promesa de la terapia celular y génica, y los problemas empiezan una vez que las células regresan al cuerpo. Allí, los clínicos tienen pocas formas de estimularlas o suprimirlas de manera selectiva, y los fármacos que protegen un órgano trasplantado o controlan una enfermedad también pueden suprimir las mismas células que deberían tratar al paciente. Un equipo australiano dirigido por investigadores del WEHI describe ahora una forma de resolver ese conflicto, en un estudio publicado en Blood.
El método se basa en el prime editing, una técnica de edición génica que realiza cambios precisos en el ADN. Los investigadores trabajaron con células de personas que padecen un linfoma de células T de tipo paniculitis subcutánea con HLH, un cáncer de la sangre raro y grave, relacionado con el sistema inmunitario, que puede afectar a niños y adultos jóvenes. Usaron el prime editing para corregir una mutación causante de la enfermedad y añadieron una segunda edición que hizo a las células corregidas resistentes al tacrolimus, un inmunosupresor de uso habitual, manteniéndolas sensibles a la ciclosporina, una alternativa relacionada. La idea es un «mando de control»: un fármaco puede ayudar a que las células corregidas sobrevivan mientras se suprimen otras células inmunitarias, y el otro sigue disponible por si las células editadas se comportan de forma inesperada y hay que reducir su actividad. El doctor Miles Horton, investigador del WEHI y residente de pediatría en el Royal Children's Hospital, resumió la lógica sin rodeos: el equipo quería que los clínicos utilizaran fármacos «ya disponibles en la farmacia del hospital», en lugar de adoptar al mismo tiempo una nueva terapia celular y un nuevo fármaco.
La plataforma se probó después más allá de esa única enfermedad. Según los investigadores, la misma estrategia funcionó en otros tipos de células T terapéuticas, entre ellas las células T específicas de virus, que algún día podrían ayudar a los receptores de trasplantes a combatir infecciones sin dejar de tomar fármacos antirrechazo, y las células CAR T, diseñadas para tratar el cáncer. La primera autora, la doctora Esther Bandala-Sanchez, afirmó que las células editadas «seguían funcionales bajo inmunosupresión» y que «seguían siendo sensibles a otros fármacos». Se trata de hallazgos de laboratorio. Las fuentes no ofrecen cifras de pacientes, resultados clínicos ni fecha para el siguiente paso, que el equipo describe como un primer ensayo en humanos.
Por ahora, quienes podrían beneficiarse son las personas que ya viven con una inmunosupresión continua: pacientes con trastornos inmunitarios raros, receptores de trasplantes y personas que reciben terapias celulares contra el cáncer. Si el enfoque se confirma en pacientes, su atractivo es práctico. Se basa en medicamentos que la atención habitual ya utiliza, así que exige menos a los hospitales que una terapia que requiere un nuevo fármaco junto a ella. Si llegará a esa fase, y con qué rapidez, dependerá de un ensayo que el equipo todavía no ha realizado.
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