Sensores domésticos podrían detectar la soledad en adultos mayores

La soledad es difícil de percibir desde fuera. Una consulta médica dura unos minutos, y los adultos mayores a menudo no mencionan que se sienten solos, de modo que los riesgos para la salud física y mental que conlleva son fáciles de pasar por alto. Investigadores de la Universidad de Virginia Commonwealth (VCU) y de la Universidad Emory quieren que sea el propio hogar el que dé la voz de alarma: un prototipo llamado HomePal que observa la vida cotidiana dentro de la casa e informa de lo que registra a un equipo de cuidados.
HomePal es un sistema de detección pasiva del hogar, lo que significa que no exige nada al residente: ni abrir una aplicación ni pulsar un botón. Combina sensores disponibles en el mercado y sensores a medida que miden el movimiento, las actividades diarias, el sueño y el uso del teléfono. Los sensores de movimiento y de puertas detectan el desplazamiento dentro de la vivienda y pueden señalar un aislamiento social. Los enchufes inteligentes conectados al televisor estiman el tiempo frente a la pantalla, una actividad a menudo solitaria. Los sensores de sueño registran el descanso, ya que un mal descanso puede apuntar a síntomas de ansiedad o depresión. Los altavoces inteligentes sirven para detectar patrones vocales relacionados con la soledad, y los patrones de las llamadas telefónicas miden el grado de conexión social.
El equipo desplegó el prototipo durante tres meses en las casas de 70 adultos de 65 años o más que viven de forma independiente en el área metropolitana de Atlanta. Los datos de los sensores se comparan con evaluaciones quincenales de soledad dirigidas por Chung, exdocente de la Escuela de Enfermería de VCU. Un modelo de inteligencia artificial se utiliza para determinar qué comportamientos registrados están más estrechamente asociados a la soledad y cómo coinciden esos patrones con los resultados de las evaluaciones. Los investigadores afirman que la precisión aún no se ha contrastado con el enfoque tradicional de encuestas, y que todavía no se ha informado de ninguna comparación de ese tipo. Kamel, doctorando en Informática que dirige el estudio, es cauteloso con lo que afirma: «No vamos a decir que estamos diagnosticando la soledad directamente».
Lo que podría cambiar es una puntuación o una tendencia diaria de soledad que los familiares o los profesionales sanitarios podrían usar para orientar la atención, y que señalaría los cambios preocupantes a lo largo del tiempo. Los investigadores esperan, en última instancia, desarrollar un producto comercial que pueda instalarse en cualquier casa, de forma similar a un sistema de seguridad. No se ha fijado una fecha para ello. Por ahora, los usuarios que podrían beneficiarse son las personas que sigue el estudio y los equipos que las atienden, y el objetivo propio del estudio es más modesto: averiguar qué patrones «podrían merecer un seguimiento».
La cuestión de la privacidad forma parte del diseño. HomePal podría modificarse para usar únicamente sensores que funcionen y almacenen los datos en redes locales, y los investigadores afirman que serían los residentes quienes decidirían qué datos se comparten con los cuidadores. Mientras no se mida la precisión en hogares reales y durante un periodo más largo, HomePal sigue siendo un prototipo prometedor y no una herramienta en la que cualquiera pueda confiar.
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