Ultrasonido focalizado reduce delirios en un piloto con 10 pacientes

Diez personas, una sesión cada una, y una sesión simulada una semana después. Ese fue el diseño de un pequeño estudio dirigido por psiquiatras e ingenieros de NYU Langone Health, en el que las ondas sonoras se dirigieron a una región profunda del cerebro que, por lo general, resulta inalcanzable sin cirugía. Los participantes tenían esquizofrenia o trastorno esquizoafectivo, y sus delirios habían persistido pese al tratamiento farmacológico. Ni ellos ni el personal que evaluaba sus síntomas sabían qué sesión era la real.
La técnica se denomina estimulación transcraneal por ultrasonidos. El dispositivo envía ondas sonoras suaves y focalizadas a través del cráneo y, según los ajustes, puede aumentar o suprimir la actividad de las células cerebrales en la zona objetivo. El equipo dirigió las ondas, guiándose por una resonancia magnética, hacia el globo pálido interno, parte de un circuito que ayuda a controlar el movimiento, el pensamiento y la emoción. Trabajos anteriores del mismo grupo habían vinculado los problemas en este circuito con los delirios y con la respuesta de los pacientes a la medicación. Las ondas se aplicaron durante 10 minutos, en ciclos de 30 segundos de encendido y apagado.
El resultado, publicado en la revista npj Acoustics, fue una caída de 1,2 puntos de media en una escala clínica estándar de gravedad del delirio tras la sesión real. Después de la sesión simulada, en la que el dispositivo se encendía pero las ondas se bloqueaban, las puntuaciones subieron 0,4 puntos de media. La diferencia entre ambas seguía presente al final del seguimiento de siete días. La fatiga, el dolor de cabeza y los breves brotes de síntomas psicóticos fueron leves y de corta duración, y aparecieron con frecuencias similares en ambas sesiones. La autora principal, Wei Qi, de NYU Grossman School of Medicine, calificó los hallazgos de «evidencia temprana» de que una sola sesión puede modular de forma segura un circuito vinculado a la psicosis. Los autores son igual de claros sobre las limitaciones: diez pacientes, una sola sesión y una caída que los propios investigadores describen como modesta.
Lo que cambie, y para quién, es todavía una cuestión de años y no de meses. Hoy, las personas con esquizofrenia cuyos delirios resisten a los fármacos no tienen una opción equivalente no invasiva probada en un ensayo controlado, y este estudio es el primero en sugerir que dirigir el ultrasonido a este circuito podría ayudar y no solo demostrar que es seguro. El autor principal, Donald C. Goff, señaló que se necesitan más trabajos para determinar si el ultrasonido dirigido podría algún día complementar, o incluso sustituir, a los medicamentos habituales. El siguiente paso es un estudio más amplio, con sesiones repetidas durante periodos más largos y pruebas de imagen para confirmar que la región objetivo se alcanza en cada paciente. Hasta que existan esos resultados, la técnica sigue siendo una herramienta de investigación, y nadie debería leer este estudio como un tratamiento.
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