Bloquear la vía beta-amiloide evitó el dolor crónico en ratones
Una inyección en una pata trasera diseñada para imitar una lesión tisular permitió a investigadores de la Universidad de California en Irvine observar el momento en que el dolor puede cambiar de rumbo. Días después de la lesión, bloquear una vía de beta-amiloide en la médula espinal evitó que los ratones desarrollaran dolor crónico, mientras su respuesta inicial a la lesión permaneció intacta. Daniele Piomelli, catedrático distinguido de anatomía y neurobiología, dirigió el estudio publicado en Science Translational Medicine.
Normalmente, los oligodendrocitos —células que mantienen la mielina, el aislamiento graso que rodea las fibras nerviosas— ayudan a proteger la estructura de esas fibras. Después de una lesión, redujeron la maquinaria necesaria para producir mielina. Las fibras nerviosas cercanas perdieron entonces integridad estructural y las neuronas produjeron proteínas precursoras de amiloide que generan beta-amiloide 42. El fragmento aumentó en la médula espinal justo cuando el dolor temporal pasó a convertirse en la hipersensibilidad persistente utilizada para representar el dolor crónico en los ratones.
Para distinguir la causa de la coincidencia, el equipo de Piomelli intervino de varias formas. Estudió ratones modificados genéticamente que carecían de la proteína precursora de amiloide, utilizó un anticuerpo para neutralizar la beta-amiloide, probó tres fármacos químicamente distintos y eliminó un gen necesario para producir la proteína precursora de amiloide. En todos los casos, intervenir en la vía de la beta-amiloide durante la fase temprana evitó el dolor persistente sin eliminar la respuesta aguda a la lesión. Los ratones a los que se había eliminado específicamente en los oligodendrocitos la enzima situada en una fase anterior, la amidasa ácida de N-aciletanolamina, también quedaron protegidos, incluso en otro modelo de lesión nerviosa.
En términos concretos, el hallazgo apunta a un cambio en el momento de la intervención, más que a otro analgésico. Casi todos los tratamientos actuales se dirigen al dolor una vez que se ha vuelto crónico; si se confirma que la misma vía opera en humanos, una terapia futura podría intervenir durante un breve periodo posterior a la lesión, mientras el proceso aún sea reversible. Para los pacientes actuales, sin embargo, el estudio no ofrece ningún tratamiento establecido: las pruebas proceden de ratones y los investigadores aún deben determinar si la vía funciona en humanos y si puede abordarse de forma segura.
El vínculo con la amiloide también abre una segunda línea de investigación. Meses después de la lesión, los ratones desarrollaron depósitos medulares parecidos a las placas asociadas al alzhéimer, lo que sugiere que el dolor crónico y las enfermedades neurodegenerativas podrían compartir más aspectos biológicos de lo que se pensaba. Esa semejanza no convierte los fármacos contra el alzhéimer en tratamientos para el dolor: Piomelli afirmó que los medicamentos existentes contra el alzhéimer o dirigidos a la amiloide no deben utilizarse fuera de indicación para tratar el dolor.
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