CD46 mantiene vivas las células T; pistas sobre el VIH

Un equipo de Purdue University y del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre (NHLBI) ha estudiado una proteína presente en la mayoría de las células humanas. Se trata de CD46, parte del sistema del complemento, la defensa inmunitaria más antigua y rápida del organismo. Los resultados aparecen en Science Immunology, con Majid Kazemian, de Purdue, y Claudia Kemper, del NHLBI, como coordinadores.
Durante mucho tiempo, CD46 se ha conocido como una puerta de entrada. Varias bacterias y virus, entre ellos los que causan enfermedades respiratorias y el VIH, la usan para adherirse a las células huésped o penetrar en ellas. El nuevo estudio analiza qué hace CD46 una vez dentro de la red de señalización de las células T, las células inmunitarias que coordinan la respuesta del organismo. El equipo comprobó que las señales de CD46 activan o desactivan genes en esas células y controlan así su funcionamiento. Kemper explicó que el equipo ya sabía que CD46 ayuda a las células T activadas a obtener los nutrientes que necesitan. Lo que les sorprendió fue que CD46 también funciona como un interruptor de seguridad: sin él, las células T vírgenes, que aún no se han enfrentado a ningún patógeno, mueren por la muerte celular programada normal y, por tanto, no pueden montar una respuesta adecuada frente a una infección.
La relación con el VIH surgió de la propia biología. Kazemian señaló que el equipo no estudiaba inicialmente el VIH, pero el papel inesperado de CD46 les llevó hasta allí, ya que el VIH depende de parte de la misma maquinaria celular que controla CD46. En las células T humanas infectadas, los investigadores observaron que la actividad genética se parece a los patrones registrados en personas que mantienen niveles bajos de VIH pese a la terapia antirretroviral. Los autores sugieren que CD46 podría influir en la forma en que las células T retienen un virus potencialmente activo capaz de provocar una nueva infección. Kazemian lo calificó de «una hipótesis intrigante que debe comprobarse en estudios posteriores».
El estudio también ofrece una explicación molecular de efectos observados en trabajos anteriores. Kazemian y sus colegas de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) llevan cerca de una década estudiando juntos la biología del complemento, incluido su papel en las autoinmunidades, las infecciones y la respuesta al virus causante de la COVID-19. El nuevo artículo identifica cómo CD46 se comunica directamente con la maquinaria que controla la producción de ARN y proteínas, a través de un factor llamado Sp1. Los investigadores combinaron varias tecnologías complementarias, una elección que, según Kazemian, les dio «mucha más confianza en el mecanismo que identificamos».
De momento, los principales beneficiarios son los propios investigadores. Los autores afirman que una mejor comprensión de la vía de CD46 podría ayudar a desarrollar nuevas terapias para las inmunodeficiencias, las enfermedades infecciosas y los trastornos inflamatorios, todas ellas afecciones vinculadas a alteraciones de la función de las células T. Que esto conduzca a tratamientos contra el VIH no está establecido: el estudio es un trabajo de laboratorio y los autores no indican calendario para los próximos pasos ni para el uso clínico.
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